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viernes, 6 de febrero de 2015

MEDIOS DE COMUNICACIÓN Y DELINCUENCIA

Según Donald R. Taft, (Criminology: an attempt at a synthetic interpretation with a cultural emphasis, 1945) cuando los medios de comunicación tratan hechos delictivos se observan aspectos tales como:

  1. Se enseña la técnica del delito; por ejemplo, en la estafa de seguros.
  2. Los delitos, por su frecuente mención, no parecen algo desacostumbrado. Con ello el ciudadano honrado pierde valor y deseos de combatirlo.
  3. A los jóvenes el delito les parece atractivo y excitante.
  4. Se da la impresión de que el delito es rentable.
  5. Los delincuentes consiguen un prestigio que solo corresponde al trabajo de los hombres honrados.
  6. Se despierta una simpatía patológica por algunos delincuentes.
  7. Se espolean más bien a los bajos instintos en vez de acentuar la peligrosidad de la acción delictiva.
  8. Se ocultan las verdaderas causas del delitos. No es cierto que los delincuentes malvados, las bellas muchachas y los empresarios afortunados tengan ellos solos la culpa de su suerte o caída. El periódico da una falsa visión del haber y deber sociales.
  9. Se describe el delito de modo que parece fácil escaparse.
  10. No destaca suficientemente el elemento de la pena. La existencia del delincuente es descrito como menos dura de lo que, según la experiencia, es.
A este listado, Von Hentig añade una más: la persecución penal es desacreditada por la prensa. Y es que, para este autor, el prestigio de la administración de justicia exigiría que se respetase la ley, la policía, los tribunales y los funcionarios de prisiones. En lugar de esto lo que sucede es que se hacen demasiadas críticas de las leyes, se censura muy a menudo la persecución penal, antes de la vista se toma partido en la prensa a favor y en contra del acusado (habría que añadir a la víctima sobre todo en delitos de índole sexual) y se predice en voz alta el desenlace.

Hoy día parece que los medios de comunicación siguen en esa misma línea: se critica constantemente la ley penal, piden endurecer las penas (sin embargo, no piden que se desarrollen programas de prevención en la comunidad ni programas de intervención dentro de las prisiones), nos transmiten que delinquir sale gratis y que las penas no se cumplen (cuando nuestro Código Penal es uno de los más duros y cada vez se dificulta más el acceso a permisos de salida, tercer grado o libertad condicional), que las cárceles son "hoteles de cinco estrellas" (desconocen las consecuencias y/o secuelas de la prisionización), emiten juicios paralelos que, en caso de que un sujeto sea juzgado a través de la institución del Jurado Popular, contaminan y predisponen a los miembros del mismo en su veredicto. Sin olvidar, finalmente, la alarma social que generan ante un hecho extraordinario, haciendo que parezca más habitual de lo que realmente es.



martes, 2 de diciembre de 2014

LAS CASAS GALERA

Cárcel Galera de Oviedo (Asturias) construida en 1776 
Las galeras de mujeres. Así era como se denominaban a las cárceles que surgieron en el siglo XVII destinadas a mujeres de "mala vida". Toma su nombre en relación a la pena a galeras aplicada a los hombres, por las duras condiciones de vida a las que eran sometidas: se les rasuraba el pelo y las cejas, se les alimentaba con pan y agua y se les aplicaban duros castigos, usando instrumentos de tortura como cadenas, grilletes, cepos, mordazas, esposas, etc. La impulsora de este tipo de prisión fue Sor Magdalena de San Jerónimo que, en 1604, creó en Valladolid la Casa de Probación, dando lugar, posteriormente, en 1622 a la aparición de las Casas Galera como prisiones de "mujeres vagantes, ladronas, alcahuetas y otros semejantes". A la de Valladolid le siguió la de Madrid, extendiéndose a otras capitales de provincia durante los siglos XVII y XVIII.

La regulación de estos centros la recoge en su obra  publicada en 1608 "Razón y forma de la Galera y casa Real que el Rey nuestro Señor manda hacer en estos Reynos para el castigo de mujeres vagantes, ladronas, alcahuetas y otros semejantes". Entre otras cosas, establecía que los edificios deberían ser cerrados al exterior, sin ninguna ventana ni "mirador a ninguna parte". El régimen del establecimiento estaba sujeto al trabajo, a las enseñanzas religiosas y a la sumisión de las normas de la institución, con la finalidad de "domesticar a la fiera", para transformar a esas "malas mujeres" en "mujeres virtuosas". Se entendía por "mujeres virtuosas" aquellas que, o bien eran perfectas esposas o se dedicaban a servir.

Sor Magdalena describió las conductas marginales o comportamientos delictivos que definen a las mujeres de "mala vida" (según la visión de esta mujer) y por las cuales las mujeres deberían de ser internadas en estos establecimientos. Entre ellas nos encontramos las siguientes: vagantes y deshonestas ("que llegada la noche salen como bestias fieras de sus cuevas a buscar caza: ponerse por esos cantones, por calles y portales de casas, convidando a los miserables hombres que van descuidados, y echan lazos de Satanás, caen y hacen caer en gravísimos pecados"), las que tenían enfermedades venéreas, las fingidas ("que estando sanas y buenas salen a pedir limosna y aunque algunas nunca parieron van cargadas con dos o tres criaturas para mover lástima"), las que se dedicaban a oficios aparentes (proxenetas), las alcahuetas, las mujeres que venden muchachas (corrupción de menores), las mozas de servicio (hurto doméstico), las ponedoras de mozas (proxenetas con engaño).

Sor Magdalena de San Jerónimo consideraba que cuanto más duro fuese el encierro, las mujeres se arrepentirían de sus actos y su conducta mejoraría una vez fueran puestas en libertad. Si una mujer ingresaba por segunda vez en la Casa Galera, la marcaban a fuego en la espalda con el símbolo de las armas de la ciudad. Si ingresaba por cuarta vez, Sor Magdalena sugería que fuera ahorcada en la puerta del establecimiento.


REFERENCIAS :
  • Almeda, Elisabet (2005) "Pasado y presente de las cárceles femeninas en España"
  • Cervelló Donderis, Vicenta (2006) "Las prisiones de mujeres desde una perspectiva de género" Revista General de Derecho Penal, Iustel, Nº5

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martes, 27 de agosto de 2013

CONDUCTA DESVIADA, DELINCUENCIA Y CRIMINALIDAD. SOCIOLOGÍA CRIMINAL

El término "Desviación social" reviste una considerable amplitud y extensión de significados, ya que comprende, en general, cualquier manifestación del comportamiento diferente.

Como forma de desviación social por excelencia estarían el delito, la delincuencia y la criminalidad.

El delito sería la forma más grave e institucionalizada de desviación social. Desde sus inicios la sociedad conoce acciones a las que llama delitos. Con la evolución de la sociedad y la cultura, ha evolucionado también el contenido y el número de conductas consideradas punibles. De ahí que el concepto de delito sea diferente según el tiempo y el espacio. Lo que está claro es que ese concepto siempre sirve a la sociedad como medio de control de la conducta. En el análisis de la conducta desviada y del delito son muchos y profundos los cambios operados en los últimos tiempos, debido a las aportaciones de diversas disciplinas y enfoques, fundamentalmente desde el campo de la Sociología.

La Criminología tradicional, partía de un concepto de delito procedente de las definiciones jurídico-penales, con una visión del mismo como un comportamiento socialmente nocivo y disfuncional de un sujeto distinto a los demás ciudadanos, patológico y reprobable, que se alzaba contra el consenso social.

Este planteamiento ha sido objeto de diversas críticas desde distintas corrientes, dando lugar a diferentes grupos de teorías que intentan explicar el mundo de la delincuencia y del delito. El estructuralfuncinalismo rebate esa postura tradicional, argumentando que el delito es consecuencia del normal funcionamiento del sistema social: funcionalidad y normalidad serían sus premisas de partida. Los paradigmas subculturales cuestionan el carácter consensual del origen social, ya que una sociedad plural y democrática incluye grupos, subculturas y minorías con códigos y convicciones diferentes, luego el delito desde esta óptica no es el atentado a unos valores universales, sino la expresión simbólica de los valores de un subgrupo que se rebela contra las definiciones legales. Desde las teorías del aprendizaje se cuestiona el principio de culpabilidad. Para este enfoque lo que decide no es tanto la opción libre y culpable de alzarse contra la ley, como la pertenencia, no escogida, del individuo de un grupo u otro, esto es, los procesos diferenciales de socialización que le permitirán interiorizar las pautas de conducta convencionales o las delictivas. Por otra parte, para las teorías del conflicto las variables del proceso de definición de delito se hallan en las relaciones de poder de los grupos sociales, de acuerdo con la estratificación social y los conflictos de intereses. El enfoque interaccionista del etiquetaje define el delito haciendo referencia al funcionamiento selectivo del control social. Para esta corriente una conducta no es delito por sus cualidades objetivas inherentes a la misma o por los méritos de su actor, sino porque resulta etiquetada como tal por ciertos procesos de definición y selección social discriminatorios.

Estos grupos de teorías proceden del campo de la Sociología, configurando parte de la materia de la Sociología Criminal. Otras ciencias como la Psicología, la Medicina, la Biología y el Derecho configuran sus cuerpos teóricos para explicar el delito.

Existen dos razones de peso para considerar la importancia de las teorías sociales y psicosociales para la explicación de la desviación:
  1. La definición de delito va a depender de las instituciones sociales de una sociedad. Las instituciones sociales suponen normas y valores a los que se ajustan gran número de individuos y todos los modos institucionalizados de vida se encuentran protegidos por fuertes sanciones. Las instituciones forman el fundamento de toda la sociedad, pues representan modos relativamente fijos de comportamiento que perduran en el tiempo. Luego, las definiciones de delitos van a depender de las instituciones sociales de una sociedad, de los valores y normas que se quieran proteger.
  2. Las diferencias en el reparto de riqueza y poder, al igual que las oportunidades de éxito de las diferentes personas también afectan en la desviación, la posición social condicionará tipos de delito. (El robo a pequeña escala lo cometen los menos favorecidos económicamente; mientras que los delitos de cuello blanco son los cometidos por los sectores más acomodados y poderosos de la sociedad).
Al estudiar la desviación desde una óptica social hay que tener en cuenta los elementos que entran en juego en el procesos de "hacerse desviado", llamados "Procesos Causales Básicos". Estos elementos abarcan:
  • Desviación y situación en la estructura social: El lugar que las personas ocupen en la estructura social influye ciertamente en su modo de comportarse. La mayor parte de los estudios realizados sobre desviación social fijan las relaciones existentes entre la situación ocupada en la sociedad y las formas de conducta desviante. Esta situación incluye:
      • posición en el sistema de estratificación
      • posición en la estructura de edades
      • posición en la estructura de sexos
      • posición en los ordenamientos espaciales de la sociedad
  • Esquemas o pautas de socialización: Muchos estudios de desviación muestran relación entre las pautas de interacción y socialización familiar del niño y su conducta posterior.
  • Fuerzas o circunstancias y desviación: Una buena parte de la génesis de la conducta desviada puede atribuirse a factores circunstanciales.
  • Paso de actos desviantes a roles desviantes: No basta pensar que el agente desviante es alguien que comete un acto desviante en un momento determinado. Si pensamos así todos seríamos agentes desviantes. Empleamos el término rol desviante cuando la desviación no aparece simplemente como algo pasajero, sino que parece pertenecer a determinadas personas como parte integrante de su carácter.
  • Desarrollo de colectividades y de subculturas desviantes: Aquí nos encontramos con los paradigmas subculturales.


SOCIOLOGÍA CRIMINAL

La moderna Sociología no se limita a resaltar la importancia del "medio" o "entorno" en la génesis de la criminalidad, sino que contempla el hecho delictivo como fenómeno "social" y pretende explicar el mismo en función de un determinado marco teórico.

La Sociología Criminal contemporánea tiene un doble entronque: el europeo y el norteamericano. El europeo se debe a Durkheim (Teoría de la Anomia). El norteamericano se identifica con una célebre escuela: la de Chicago, de la que surgirán progresivamente los diversos esquemas teóricos (teorías ecologístas, subculturales, del aprendizaje, de la reacción social, del etiquetado). La Escuela de Chicago se caracterizó desde un principio por su empirismo y su finalidad pragmática (dos condiciones básicas que han de cumplir las teorías científicas), concentrando sus investigaciones en los problemas sociales del momento.

Las teorías de la criminalidad se han deslizado progresivamente hacia la Sociología. Los modelos sociológicos constituyen el paradigma dominante y han contribuido decisivamente a un conocimiento realista del problema criminal. Muestran la naturaleza social de éste y la pluralidad de factores que interactúan en el mismo; su conexión con fenómenos normales y ordinarios de la vida cotidiana; la especial incidencia de variables espaciales y ambientales en su dinámica y distribución, que otorgan un perfil propio a la desviación urbana; el impacto de las contradicciones estructurales y del conflicto y el cambio social en la dinámica delictiva; el funcionamiento de los procesos de socialización en orden al aprendizaje e identificación del individuo con modelos y técnicas criminales y las perspectivas subculturales; la acción selectiva y discriminatoria del control social en el reclutamiento de la población reclusa...

Cuando se adoptan diferentes perspectivas teóricas, aunque la realidad sea la misma, los puntos de vista interpretándola en una dirección o en otra, pueden ser radicalmente distintos. Estas interpretaciones diferentes de la misma realidad dan lugar, también, a creencias y actitudes distintas frente al fenómeno analizado y a diferentes modos de actuar sobre el mismo. En todas las disciplinas sociales existen diversas teorías explicativas que compiten entre sí en la explicación de un mismo objeto de análisis.


Varela, J., Álvarez Uría, F. (1988) "Sujetos frágiles: Ensayos de la Sociología de la Desviación" Ed. Fondo de Cultura Económica
Matza, D. (1981) "El proceso de desviación" Ed. Taurus